Guerra entre Israel, EE.UU. e Irán: Lo que un discípulo de Cristo necesita saber

0  comentarios

Hoy el mundo amaneció diferente

Misiles cruzando el cielo de Teherán. Sirenas sonando en Tel Aviv. Explosiones en el Golfo Pérsico. Y millones de personas —muchas de ellas niños— corriendo sin saber a dónde.

Y en medio de todo eso, mi teléfono se llenó de creyentes tomando bandos.

Unos celebran porque «Dios está con Israel.» Otros condenan porque «esto es imperialismo.» Y en las dos trincheras, la Biblia se usa como bandera de guerra.

Pero antes de que alguien me etiquete de un lado o del otro, déjame hablar con claridad sobre algunas posturas que necesitan ser confrontadas bíblicamente.


¿No hay que hacer nada ante el mal?

Empecemos por aquí, porque esto no es pacifismo ingenuo.

Que el Reino de Dios no avance con misiles no significa que el mal no deba ser confrontado. La Biblia nunca enseña pasividad ante la injusticia.

Romanos 13:4 reconoce que el gobierno «lleva la espada» y que tiene una función de contener el mal. Eso es una realidad del mundo caído en el que vivimos. Los gobiernos toman decisiones militares — eso es parte del orden temporal.

Pero aquí está la distinción que muchos creyentes no hacen:

Que Dios use los gobiernos dentro de su soberanía no significa que cada guerra sea «la voluntad de Dios.» Que Roma llevara la espada no hacía santo al imperio romano. Que Ciro fuera instrumento de Dios (Isaías 45:1) no lo convertía en un adorador del Dios verdadero.

¿Dios causa las guerras o las permite?

Y aquí necesitamos profundizar, porque la frase «Dios es soberano sobre las guerras» se ha convertido en un cheque en blanco teológico que se usa para justificar cualquier cosa. Y hay dos errores graves que debemos evitar.

El primero: «Dios causó esta guerra, es su voluntad.» Eso convierte a Dios en autor del mal. Santiago 1:13 lo cierra de un golpe: «Dios no tienta a nadie.» Y Santiago 1:17 dice que de Él descienden dones buenos y perfectos. Misiles sobre una escuela de niñas no son un don perfecto.

¿De dónde vienen las guerras entonces? Santiago 4:1-2 es demoledor: «¿De dónde vienen las guerras entre ustedes? ¿No es de sus pasiones que combaten en sus miembros? Codician y no tienen, matan y arden de envidia.»

Santiago no dice: «Las guerras vienen del plan soberano de Dios.» Dice: vienen de la codicia humana. Punto.

El segundo error: «Dios lo permite, así que debe estar bien.» Eso confunde la paciencia de Dios con su aprobación. Dios «permitió» la crucifixión de su Hijo — pero eso no significó que Judas hizo algo bueno. Hechos 2:23 hace una distinción que debería cambiar tu teología para siempre: «Por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, fue entregado, y ustedes lo mataron con manos de inicuos.»

¿Viste lo que hizo Pedro ahí? Puso las dos verdades juntas sin que una anulara la otra. Dios integró el acto más injusto de la historia dentro de su plan redentor — sin que eso excusara a los que lo ejecutaron. La soberanía de Dios no borró la responsabilidad humana.

¿Qué significa realmente que Dios es soberano?

Significa que no pierde el control de la historia, pero la historia no es su autobiografía. Es el escenario donde el libre albedrío humano opera — con todas sus consecuencias. Y lo que Dios hace no es diseñar el horror. Lo que hace es tomar el desastre que los hombres crean y tejer redención dentro de él.

Romanos 8:28 no dice «Dios causa todas las cosas.» Dice que las hace cooperar para bien. Es un Dios Redentor, no un Dios Arquitecto del horror.

Esa diferencia es enorme. Y la próxima vez que alguien te diga «esto es la voluntad de Dios» mientras caen bombas sobre civiles, recuerda: Santiago dice que las guerras nacen de la codicia humana, no del trono celestial.

¿Pero Dios no mandó guerras en el Antiguo Testamento?

Y sí, alguien dirá: «¿Pero Dios no mandó guerras en el Antiguo Testamento? ¿No ordenó destruir ciudades enteras, incluyendo mujeres y niños?»

Esos textos existen. No los voy a negar.

Pero Hebreos 1:1-3 cambia toda la conversación: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo… quien es la imagen misma de su sustancia.»

¿Qué está diciendo? Que Dios se reveló progresivamente. Habló de muchas maneras. Pero la revelación final — la definitiva — la que tiene la última palabra sobre cómo es Dios… es Jesús.

Y Jesús mismo se encargó de hacer la distinción. En Mateo 5 dijo repetidamente: «Oyeron que fue dicho… pero yo les digo.» Ojo por ojo se convirtió en ama a tu enemigo. No porque Dios cambiara, sino porque en Cristo se revela la plenitud de lo que Dios siempre fue.

Juan 14:9 lo sella: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.»

Entonces la pregunta no es «¿Dios ordenó guerras en el Antiguo Testamento?» La pregunta es: ¿A través de quién interpretas el carácter de Dios — a través de Josué o a través de Jesús?

Si quieres saber cómo Dios enfrenta el mal, mira la cruz. Ahí enfrentó todo el mal de la humanidad. ¿Y cómo lo hizo? No destruyendo a sus enemigos — absorbiendo la violencia en su propio cuerpo. Y desde ahí, venció.

En el Nuevo Pacto, Dios no destruyó a sus enemigos. Los amó hasta morir por ellos.

Nuestra verdadera batalla

Lo que sí nos toca como creyentes del Nuevo Pacto es algo diferente. Efesios 6:12 dice que nuestra lucha no es contra sangre y carne. Eso no es una invitación a ignorar el conflicto — es una revelación de que detrás de cada guerra hay una batalla espiritual que ningún noticiero va a cubrir.

Nuestra arma no es la indiferencia. Es la intercesión. Nuestro campo de batalla no es Twitter. Es el lugar secreto. Nuestra estrategia no es tomar bandos. Es discernir desde la mente de Cristo.


¿Pero Dios no prometió proteger a Israel?

Aquí es donde necesitamos la mayor claridad teológica.

Muchos creyentes hispanos citan Génesis 12:3 — «Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan» — como si fuera una póliza de seguro para el Estado moderno de Israel.

Pero el Nuevo Testamento nos da una interpretación que muchos ignoran.

Gálatas 3:16 dice: «Las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice ‘a las descendencias,’ como refiriéndose a muchos, sino a uno: ‘y a tu descendencia,’ que es Cristo.»

Pablo acaba de decirnos que la promesa de Abraham no se cumple en una nación política. Se cumple en Cristo. Y en Gálatas 3:28-29 remata: «Ya no hay judío ni griego… porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús. Y si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham.»

¿Qué significa esto?

Que el pueblo de Dios en el Nuevo Pacto no se define por fronteras geopolíticas, sino por la fe en Cristo. Eso incluye creyentes israelíes, creyentes iraníes, creyentes árabes y creyentes latinos. Todos somos la descendencia de Abraham por la fe.

Esto no niega que Dios tenga propósitos con la nación de Israel en la historia. Pero sí nos impide usar las promesas abrahámicas como justificación automática para cualquier decisión militar de un Estado moderno.

Cuando Jesús miró a Jerusalén, no aplaudió su poder militar. Lloró (Lucas 19:41). Lloró porque la ciudad no conoció «lo que conducía a su paz.»

Si Cristo lloró por Jerusalén, ¿con qué cara celebramos misiles sobre Teherán?


Entonces, ¿qué hacemos?

Si las guerras nacen de la codicia humana y no del trono celestial…

Si la revelación definitiva de Dios no es Josué con una espada sino Jesús en una cruz…

Si las promesas de Abraham se cumplen en Cristo y no en un Estado moderno…

Entonces el creyente del Nuevo Pacto no puede responder a este conflicto como responde el mundo.

El mundo te pide que escojas un bando. El Reino te pide que escojas una perspectiva: la de Cristo.

Y desde esa perspectiva, hay cosas que se ven muy diferentes.

Hoy hay familias israelíes en refugios subterráneos. Hoy hay familias iraníes sacando a sus hijos de entre los escombros. Hoy hay soldados en ambos lados que no quieren estar ahí.

Y Romanos 12:15 no dice: «Llora solo con los de tu bando.» Dice: «Llorad con los que lloran.» Punto.

Así que esto es lo que te pido:

No repitas narrativas sin filtrarlas por la Escritura. Ni las de la derecha ni las de la izquierda. Tu mente pertenece a Cristo (1 Corintios 2:16), no a ningún comentarista político.

No uses la Biblia como bandera de guerra. Génesis 12:3 no es una póliza de seguro militar. Y «Dios es soberano» no es un cheque en blanco para justificar cada bomba que cae.

Ora por Israel. Ora por Irán. Ora por los inocentes atrapados en medio. Ora por los creyentes iraníes — sí, hay una iglesia en Irán, una de las de mayor crecimiento en el mundo — que hoy están bajo las mismas bombas.

Y sobre todo, no pierdas tu voz profética por andar repitiendo la voz de los imperios.

Porque el mundo no necesita más gente gritando desde las trincheras. Necesita embajadores de un Reino diferente.

Un Reino cuyo Rey enfrentó todo el mal del mundo — y lo venció sin lanzar una sola bomba.

Lo venció amando hasta la muerte.

Pensando desde la mente de Cristo 🕊️


¿Quieres profundizar en cómo pensar bíblicamente sobre los temas que el mundo te presenta? Cada semana en Reino y Actualidad analizamos la actualidad desde la perspectiva del Reino — sin tomar bandos políticos, con profundidad teológica y aplicación práctica. Únete a la comunidad premium aquí.


Etiquetas


También le puede interesar:

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}

Recibe estudios edificantes cada semana