Muchas personas creen en Dios, pero todavía viven tratando de descubrir cómo es Él. Unos lo imaginan distante. Otros lo ven como un juez impaciente. Otros forman su idea de Dios a partir de experiencias dolorosas, tradiciones religiosas o palabras humanas.
Hebreos abre con una respuesta firme. Dios no dejó su carácter escondido. Se dio a conocer en su Hijo.
Jesucristo no vino a añadir una opinión sobre Dios. Él es la expresión visible, viva y decisiva del Padre. Si quieres conocer a Dios, mira a Jesucristo.
Dios habló muchas veces y de muchas maneras
Hebreos 1:1 reconoce la riqueza de la revelación anterior. Dios habló a los padres por medio de los profetas, en distintas épocas y mediante muchas formas.
Habló a Noé mediante el arcoíris, a José mediante sueños, a Moisés desde una zarza ardiente, a Elías con un silbo apacible y a Isaías mediante una visión en el templo. También usó oráculos, símbolos, experiencias y preguntas.
Aquella revelación fue verdadera, pero llegó en porciones. Cada palabra aportó luz y preparó el camino. Ningún profeta contenía por sí mismo la plenitud de lo que Dios deseaba mostrar.
Entonces llega el contraste de Hebreos 1:2: en estos últimos días Dios nos habló en el Hijo. La variedad no termina en otro método. Culmina en una Persona.
El Hijo no es un mensajero más
Jesús no aparece al final de una lista de profetas como si fuera el portavoz más reciente. Los profetas comunicaron palabras recibidas. El Hijo vino como la autorrevelación de Dios.
Juan lo expresó así: el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. En Jesús, la revelación dejó de ser únicamente anuncio y tomó forma humana. Sus palabras, sus obras, su compasión, su autoridad y su entrega muestran al Padre.
Por esa razón, tratar a Jesús como un maestro admirable resulta insuficiente. Él es el Dios Hijo encarnado. No presenta una copia remota de la acción divina. En Él actúa la misma realidad de Dios.
El Nuevo Pacto no descansa en un sistema religioso mejor organizado. Descansa en el Hijo, quien hizo visible el corazón del Padre y consumó su obra a favor nuestro.
Jesús muestra cómo es el Padre
Cuando Jesús recibe al rechazado, vemos la gracia del Padre. Cuando confronta la hipocresía, vemos la verdad del Padre. Cuando toca al impuro, perdona al pecador y restaura al quebrantado, vemos el carácter del Padre en acción.
La cruz también revela a Dios. No muestra a un Hijo bondadoso intentando convencer a un Padre hostil. Muestra a Dios reconciliando al mundo consigo mismo en Cristo.
Esto corrige muchas imágenes religiosas. Dios no tiene un rostro distinto al de Jesús. El Hijo es el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia, como declara Hebreos 1:3.
Conocer a Dios no comienza con la imaginación ni con el temor. Comienza contemplando al Hijo por medio del testimonio de las Escrituras y recibiendo la verdad de su obra consumada.
Siete afirmaciones que exaltan al Hijo
Hebreos 1 presenta al Hijo con un lenguaje que supera toda categoría humana. Él es el Hijo engendrado, el Hijo del Padre, el Hijo adorado, el Hijo entronado, el Hijo ungido, el Hijo creador y el Hijo sentado a la diestra de la Majestad.
Estas expresiones no decoran el argumento. Afirman que Jesucristo posee una dignidad que ningún profeta ni ángel comparte.
Está sentado porque efectuó la purificación de nuestros pecados. Su postura anuncia una obra terminada. No permanece de pie repitiendo sacrificios. Se sentó porque su entrega fue suficiente.
El creyente vive desde esa suficiencia. No intenta completar lo que Cristo dejó incompleto. Responde con fe, obediencia y gratitud a lo que Él ya consumó.
Los últimos días comenzaron con Cristo
La frase últimos días suele reducirse a cálculos sobre acontecimientos futuros. Hebreos la usa para anunciar que la etapa decisiva de la historia llegó con el Hijo.
Dios habló en Cristo. El Espíritu fue derramado. El Nuevo Pacto fue establecido. La obra terminada de Jesús inauguró una realidad que ya está presente y que llegará a su plena manifestación.
La esperanza cristiana conserva el ya y el todavía no. Ya recibimos redención, acceso al Padre y vida en el Espíritu. Todavía esperamos la consumación de todas las cosas.
Esta perspectiva mantiene a Cristo en el centro. La escatología bíblica no alimenta especulación. Proclama que Jesús es la última palabra de Dios para la humanidad y el cumplimiento de su propósito eterno.
Escuchar al Hijo cambia la vida
Si Dios habló en el Hijo, la pregunta no consiste únicamente en cuánto sabemos sobre Jesús. La pregunta es si estamos ordenando la vida por lo que Dios reveló en Él.
Escuchar al Hijo transforma nuestra relación con el Padre. Dejamos de acercarnos como extraños que intentan ganar aceptación y nos acercamos por la obra que abrió el camino.
También transforma la manera de leer la Biblia. Las sombras, los sacrificios, el sacerdocio y el santuario encuentran su sentido en Cristo. La promesa sirve al cumplimiento.
Finalmente, transforma nuestra manera de representar a Dios. No usamos miedo, control o condenación para producir cambios que el evangelio forma desde adentro. Hablamos y servimos de acuerdo con el carácter que vemos en Jesús.
No descuides una revelación tan grande
Hebreos une la superioridad del Hijo con una advertencia pastoral. Si Dios habló en Él, debemos prestar atención para no deslizarnos.
El peligro no comienza siempre con un rechazo abierto. Con frecuencia aparece como negligencia. La voz del Hijo pierde peso mientras otras voces ocupan el centro.
Prestar atención significa volver al evangelio, examinar toda enseñanza desde Cristo y permanecer receptivos a la vida del Espíritu. También implica caminar con una comunidad que nos anima a la fe y al amor.
Dios se dio a conocer. Su palabra decisiva no es una fórmula, un rito ni una institución. Es Jesucristo.
Cuando quieras saber cómo es Dios, mira al Hijo. Cuando necesites discernir su voluntad, comienza con el carácter del Hijo. Cuando la religión intente añadir mediadores, recuerda que el Hijo ya te abrió acceso al Padre.
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Nota editorial. Este artículo nace del curso Hebreos: Una exposición de la superioridad del Hijo, enseñado por el pastor Tommy Moya.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que Dios nos habló en el Hijo?
Significa que Jesucristo es la revelación personal, plena y decisiva de Dios. Él no transmite una parte aislada del mensaje. En su persona, palabras y obra vemos al Padre.
¿La revelación de los profetas era incorrecta?
No. Era verdadera y cumplió una función preparatoria. Llegó en muchas porciones y formas, mientras que en el Hijo la revelación alcanza su cumplimiento y claridad.
¿Jesús fue únicamente un profeta?
Jesús ejerció una función profética, pero Hebreos lo presenta como mucho más. Él es el Hijo, el resplandor de la gloria de Dios, creador, sustentador y Señor entronado.
¿Los últimos días se refieren únicamente al futuro?
Hebreos enseña que los últimos días comenzaron con la venida del Hijo. El Nuevo Pacto ya fue inaugurado, aunque todavía esperamos la consumación de todas las cosas.
¿Cómo escuchamos al Hijo hoy?
Lo escuchamos en el testimonio bíblico centrado en su persona y obra, bajo la guía del Espíritu y dentro de una comunidad madura. Toda enseñanza debe evaluarse a la luz de Jesucristo y el evangelio apostólico.